Edu Hernández
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SecciónIdeas · CategoríaCultura de marca · Año2026 · Lectura4 min

Never Mind the Brands. Here’s the Fake Pistols.

Imagen editorial sobre la estética punk y la falsificación.

Ayer estuve en un concierto punk, y hoy en un evento de marcas. Parecen dos mundos demasiado distantes como para juntarlos en un artículo. Pero no, ya veréis.

En el evento de hoy, Día de las Marcas, uno de los temas de debate ha sido el problema que tienen algunas marcas actualmente con las falsificaciones. Lo que viene a continuación es un intento, quizá torpe, de entender sus porqués, no de justificar este hecho.

En el concierto, una amiga y yo comentamos que las nuevas generaciones habían perdido el punk como medio de canalizar la rabia y la frustración: música cruda, peinados y ropa llamativos, y sobre todo, una actitud de «me la suda» hacia el sistema. Era una rebelión visual, sonora y visceral contra el statu quo. Hoy, en la era del consumo digital y las redes sociales, la Generación Z podría estar encontrando su propia forma de punk:

Lo llevo fake y me enorgullezco.

Mientras las grandes marcas de lujo invierten millones en hacerse deseables (colaboraciones con influencers, campañas en TikTok, drops exclusivos), mucha gente joven responde con un orgullo inesperado: «Es falsificado, ¿y qué?». Lo que antes podía ser un secreto vergonzoso, ahora se exhibe con descaro. No es solo un tema de economía (aunque también), sino de actitud.

Las marcas quieren ser cool, quieren que la juventud las ame, pero no siempre ponen los medios para que sean accesibles. Los precios son prohibitivos, las colecciones limited edition se agotan en segundos (y reaparecen en StockX a precios absurdos), y el mensaje es claro: «Esto no es para ti... pero deberías desearlo» (aunque no tengas ni para pagar un hogar digno).

La respuesta de la Generación Z es un clásico «que te jodan». Si el sistema les dice que tienen que vestir ciertas marcas para ser relevantes, pero les cierra la puerta, ellos se saltan las reglas. Y lo hacen sin culpa, incluso con cierto swag.

El punk rompió guitarras y gritó consignas antisistema. La Generación Z, en cambio, vive en un mundo donde el consumo es identidad. Su forma de protesta no es quemar tiendas, sino hackear el deseo que las marcas les han creado. Si una camiseta de Balenciaga cuesta 500 €, pero en AliExpress encuentras una casi idéntica por 20 €, ¿por qué no comprarla y reírnos del juego?

Es una rebelión consciente. Parece más un truco para desafiar la exclusividad impuesta que para ir realmente a la moda pagando poco. Las marcas quieren ser símbolos de estatus, pero la juventud está redefiniendo qué significa el lujo: ¿valor real o marketing vacío?

¿Qué pierden las marcas en esta guerra?

Pierden ventas, sí, ventas, pero sobre todo pierden control sobre su narrativa. Si una generación entera normaliza llevar falsificaciones sin complejos, el poder simbólico de la marca se debilita. El lujo deja de ser un sueño inalcanzable para convertirse en un meme irónico.

Algunas firmas podrían responder con precios más accesibles o colecciones económicas, pero otras seguirán apostando por la exclusividad. Mientras tanto, la Generación Z seguirá riéndose del juego desde sus perfiles de TikTok, mostrando sus réplicas con más orgullo que vergüenza.

¿Es esto el nuevo punk?

Igual no suena como Anarchy in the UK, pero tiene la misma esencia: «No jugaré con tus reglas». ¿Pasa la solución por apoyar nuevas formas de acceso como Vinted o plataformas de alquiler?

Por cierto, gracias AEBRAND, AMKT, Foro de Marcas Renombradas Españolas y Andema por un evento tan valioso.

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