Non-user centric design.
El exclusivo protagonismo de las necesidades de consumidoras, clientas y usuarias como inspirador de cualquier objeto de diseño debe acabarse. Invertimos mucho tiempo y dinero en conocer sus puntos de dolor y en categorizarlos en arquetipos para, con precisión de cirujano, intervenir y coser una prótesis a sus anhelos. Pero hay un problema:
La gente quiere muchas cosas diferentes. Y muchas veces, contradictorias.
Pongamos por caso que una investigación nos dice claramente que a un gran número de personas les encantaría poder cambiar por completo el contenido de su armario cada tres o cuatro meses. Perfecto, es comprensible. Pero resulta que otra investigación también nos dice que a las personas les importa el medio ambiente, el uso racional de los recursos naturales, y el respeto por los derechos humanos de los trabajadores.
Exacto: lo queremos todo.
Aquí es donde una marca que quiere centrarse en las necesidades del usuario, en realidad puede tomar caminos radicalmente diferentes. ¿Soy Primark o soy Adolfo Domínguez?
Por eso conocer sus necesidades no basta. Y por eso el diseño debe estar basado en las necesidades humanas. De hecho, primero en las necesidades de aquellas personas que no son ni nuestras consumidoras, ni nuestras usuarias. Ni lo van a ser en la vida porque ni siquiera conocen nuestra marca. Y luego sí, en nuestras consumidoras, clientas y usuarias. O en la versión de sí mismas con las que nuestra marca quiera ser identificada en el futuro.